San Sormaño
Tito Sormaño era…¿cómo decirlo? Un tipo adicto a los olores fétidos y repulsivos, un explorador incansable de fragancias hediondas nuevas.
Aquella mañana se despertó bañado en un sudor frío y con el pulso tembloroso. Conocía esa sensación, la había vivido antes. Era el Síndrome de abstinencia, ese demonio interno que nunca lograba acallar. Rápidamente buscó un palito y comenzó a hurgarse la uña del dedo gordo del pie para acercárselo a su nariz y poder olfatearlo una y otra vez. Su cara se transformó por completo y los ojos se le extraviaron de las órbitas.
- Cocaína las pelotas –se dijo- mientras olfateaba frénéticamente. "Esto es droga y gratis Carajo!!. Esta tarde me vuelo la cabeza escuchando Bob Marley!!
Tito tenía la fantasía de raptar un vagabundo de esos que viven bajo los puentes con ropas harapientas, barbas grasosas y atarlo en su cama por un par de días. No para violarlo, ni para hacerlo sufrir, el no era de esos locos enfermos, él solo quería olerlo de pies a cabeza. Una noche había soñado que envolvía a un vagabundo en papel de cigarrillo, le prendía la barba y se lo fumaba en compañía de Andrés Calamaro y Andy Chango.
Una de las últimas veces que estuve con él, me comentó que después de tantos años de intensa búsqueda había encontrado la droga corporal más poderosa y adictiva de todas las que había probado y experimentado.
- ¿Y en qué consiste la preparación, loquito enfermo? –le dije en tono de broma.
- Incorporo a mi dieta porotos y garbanzaos, defeco en una bolsa, espero unos 3 o 4 días hasta que fermente y luego empiezo a aspirar.
- ¿Y cómo se llama tu nueva droga? –le pregunté. (Tito era muy creativo)
- “Sormaño” –me dijo sonriente.
- Ahh, esta bien, vos la descubriste y vos le ponés tu apellido. Sos un genio Tito.
- No, no es por mi apellido –agregó.
- Y entonces ¿por que le pusiste “Sormaño”?.
- Por que son Soretes de este tamaño – me contestó- trazando con sus manos la longitud de los mismos.
Con el paso de los años Tito empezó a producir grandes cantidades de esta droga que se distribuía gratuitamente entre sus linyeras amigos. Pronto el Paco fue desplazado y la nueva droga, luego conocida como fecaína, empezó a expandirse entre los indigentes.
Tito Sormaño ya era un próser y su fama trascendió las fronteras provinciales para transformarse en un objeto de culto para los linyeras del país que querían oler como él. Sí, esa gente que había sido marginada durante siglos por la sociedad, echada de plazas, parques y sitios baldíos, ahora tenía a un fiel representante de sus intereses. Tito se convirtió en un líder indiscutido que estarían dispuestos a seguir (al principio con barbijo) hasta las últimas consecuencias.
No pasó mucho tiempo hasta que Tito organizó a sus muchachos y así logró formar la triple “L” o Liga de Linyeras Letrinos, el primer grupo de vagabundos que solicitaba al gobierno subsidios para poder comprar vino, fecaína y otros vicios.
El gobierno se negó a dar esos subsidios y pronto la Triple L empezó a planear actos vandálicos como defecar en los paseos públicos, mear las vidrieras céntricas o hacer pintadas con soretes que amenazaban con hacer “mierda” todo. Imagínense un ejército de 400 linyeras defecando por todos lados, ¿quién no se sintiría presionado a conceder lo que pidieran?
Un día lunes 11 de septiembre, el mundo sería testigo de uno de los actos terroristas más “sucios” de la historia. Tres camiones atmosféricos reventaron en tres lugares estratégicos: La Casa Rosada, Puerto Madero y Campo de Mayo, desparramando toneladas de mierda líquida y maloliente a los cuatros vientos. El atentado fecal era perfecto, gobierno, comercio y milicia quedaron tapados de bosta y ridiculizados ante todo el mundo que se “cagaba” de risa de Argentina.
Dos días después del atentado terrorista denominado 11-M (once mierda) Tito Sormaño apareció muerto flotando en las aguas del Riachuelo. Los investigadores encontraron en la escena del crimen, dos pastillas desodorantes para inodoro que colgaban en cada una de sus orejas a modo de pendientes. Definitivamente la muerte de Tito tenía un claro mensaje aleccionador para todos los roñosos que andaban esparciendo sus nauseabundos olores por todos lados.
El caso Sormaño no tardó en ser explotado por la prensa y así se convirtió en un fenómeno post mortem sin precedentes, capaz de producir tanto dinero como los discos que Freddie Mercury compuso después de fallecido.
Las revistas amarillas se encargaron de convertir a Tito en un éxito de ventas generando polémicas absurdas:
GUIDO SULLER: "Tito Sormaño tenía un porongo de este tamaño".
SUSANA GIMENEZ: "A los linyeras hay que encerrarlos en un campo de concentración"
MIRTHA LEGRAND: "Esos de la triple L deberían ser raspados con cepillos de alambre y lavandina"
RAUL CASTELS: “Por la memoria de Sormaño cortaremos rutas y pediremos planes sociales ”.
NESTOR KIRCHNER: “Shi hay Shormaños en este país, Clishtina y yo no le pagaremos al FMI”.
MACRI: “Alejamos a los inversionistas con Sormaños revolviendo basura en Puerto Madero”.
CRONICA T.V. en placas rojas: “Que cagada, se murió Sormaño”.
El fenómeno Sormaño empezó a modificar conductas de consumo: el mercado de la música sufrió cambios drásticos, la cumbia villera perdió fuerza y nació la cumbia Sormaña.
La moda también aprovechó la movida, imponiendo el estilo Sormaño en las mujeres que ya no se depilaban las axilas, hasta las empresas de limpieza promocionaron sus productos: “Lavandina Ayudín desinfecta y aleja vagabundos”. Pronto se promocionó por Telefé un nuevo programa: “Gran hermano linyera”.
Las librerías facturaron millones con libros como: “El Código Sormaño”, "Harry Potter y el linyera del Fénix” y “Yo conocí a Tito” escrito por el cartonero Báez.
El vocablo Sormaño pronto empezó a ser adoptado por la población en general, los adolescentes decían frases como: “Sos un sormaño”, los ecologistas: “las papeleras sormañan el medio ambiente”, etc.
Un año después de su muerte el caso Sormaño fue cerrado por los investigadores por falta de pruebas. Pero Tito no estaba muerto, estaba más vivo que nunca, ya era un mito popular y los mitos nunca mueren. De hecho los vagabundos de la Triple “L” le hicieron un Santuario y hoy es un fenómeno muy bien explotado hasta por el negocio de la Fe: ya se le atribuyen milagros y en cualquier santería se puede comprar a “San Sormaño” o el “Santo de los sucios”.
Y todos los años, desde las orillas del Riachuelo, exactamente para el 11 de septiembre, se celebra el día del linyera. Aquel día, una procesión multitudinaria de vagabundos venidos desde todos los rincones del país, marchan mascando porotos y garbanzos, se dirigen al Congreso de la Nación para reclamar por subsidios. Una vez en las puertas de la Institución, se bajan los pantalones y defecan a modo de protesta, mientras rezan la oración de San Sormaño:
“San Sormaño… que haya soretes de este tamaño…todo el año”.
Publicado por Javier Sánchez



